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Sobre dos ruedas, la bandera de un pueblo
Por: Jorge Quevedo
Corrección de estilo: Milton Jiménez
Fotografías: Jorge Quevedo
Entre verdes lagunas, chagras y frailejones; entre montañas, laderas y chaquiñanes. Al son del cantadito de nuestra gente se deslizan raudamente por fronteras, trochas y estancias. Al ritmo del trueque y con aroma de cafecito pasado, hornado pastuso y tripa misquie… ruedan nuestros “caballitos de acero”. Pues para nadie es oculto que el ciclismo es la bandera de Carchi.
“Escabarajos” que descienden a la velocidad del viento por el Guagua Negro o la loma de taques; por empedradas y polvorientas vías que fortalecen sus piernas mientras al alma se recrea con los glaciares del taita Chiles y Cumbal. Pese a que el rocío del amanecer se cala en los huesos y quema los cachetes, no hay mejor aventura que rodar y descubrir la tierrita entre manubrios, bielas, pedales, cadenas y caramañolas.
Es en medio de este paraje donde se pulen esperanzas y se forjan sueños de campeones. Quizá en principio, por allá, en la década de los 60 y 70, la “bici” no era más que un instrumento de trabajo; la que te acercaba a la escuela o la que transportaba los pambazos. Pero sí, mientras se hacía el mandado se entrenaba el cuerpo con el anhelo de rodar en las Clásicas de la Policía, La Frontera o la RCN, en los giros al Ecuador y por qué no, en las grandes de Europa y el mundo.
Bienvenidos a disfrutar de la Puerta Andina del Ecuador… de una capital del Ciclismo que se enchufó a este deporte a través de la radio y la emoción con la que narraban las carreras al otro lado del puente.
“El reportero caracol, el reportero caracol; el primero con las últimas…”, era la propaganda de la radio colombiana que se confundía con el cálido sabor de hogar y se impregnada en la mente del niño, joven o anciano. Esas fue la pauta que impulsó al nacimiento de esta práctica deportiva como el intercolegial de ciclismo por el “Natalicio de Bolívar” con una inscripción de $5 sucres y por lo general, con una bicicleta alquilada en el taller de Don Antonio Sandoval (+): “a sucre el cuarto de hora” con piñón fijo, parrilla, guardafangos y timbre… un lujo para la época.
Los sueños se cristalizaban con las Vueltas a la Provincia sobre carreteras abiertas o en mala condición (Tulcán – El Ángel - Tulcán) encomendándose siempre a San Pedro para que no abra las llaves del cielo y llueva. Desde la primera Vuelta al Ecuador (1966) hasta mediados de la década de los 90, la pasión por el ciclismo se trasmitió gracias a la verraquera de los hermanos Hipólito, Jaime y Arnulfo Pozo, Carlos Montenegro, Horacio Hernández, Julio Imbacuán, Luis Martínez, Pablo Caicedo, Juan Carlos Rosero, Héctor Chiles, Pedro Rodríguez… quienes hicieron del “pan con cola o lo que haya” su alimento y por ende, el motivo de grandes alegrías, principalmente, en tierras ajenas.

Hipólito Pozo vistiendo la camiseta de ‘Pedal Sevilla’, equipo profesional que perteneció a José Sevilla, un empresario quiteño
En 1965, la Perla del Pacífico fue una de las sedes de la V edición de los Juegos Bolivarianos, en donde Hipólito Pozo, luego de rodar por equipos de Pichincha y Guayas, se enfundó el Tricolor nacional junto a su hermano Arnulfo, quienes ya habían mostrado su casta en las grandes de Colombia junto a Emilio “Cochise” Rodríguez, Carlos Montoya, Roberto Escobar, entre otros.

Selección de Ciclismo 1965 que participó en los V Juegos Bolivarianos, en los que se destaca: Víctor Morales, Noé Medina, Oswaldo Mayorga, Marcelo Santamaría, Arnulfo e Hipólito Pozo
La historia nos muestra que el ciclismo en Carchi fue producto de la pasión, entrega y sacrificio de quienes embanderaron esta disciplina. Así, en 1966, con el afán de apoyar y motivar a sus deportistas, el Comité Femenino Procilismo recorría las calles de Tulcán con chalina, enaguas y el flameante verde, amarillo y rojo para golpear puertas y recolectar “de real en real” los recursos necesarios para sus escarabajos. Eso sí, con la eterna ayuda de Radio Ondas Carchenses con Fausto Almeida Cárdenas(+) y, Radio Rumichaca con Efraín Cabezas (+) , quienes motivaban a colaborar para organizar la Primera Vuelta al Ecuador que ya se aproximaba de la mano del argentino Anselmo Zarlenga y que fue organizada por FedeGuayas y Concentración Deportiva de Pichincha con el apoyo de Parlann y Finalín.
El primer equipo carchense estuvo integrado por: Arnulfo Pozo, Pedro Castro, José Martínez, Jaime Pozo (novato) e Hipólito Pozo (capitán). Carchi propició el 1 – 2 con Hipólito y Jaime, 28h37m14s y 28h41m16, respectivamente. “La Ardilla” Pozo triunfó en los Premios de Montaña (51 puntos) y Novatos mientras que el equipo de FedeCarchi (86h46m20s) superó a CDP y Tungurahua. Participaron 75 ciclistas en una prueba de 1001 Km en 9 etapas.

Llegada del campeón de la I Vuelta al Ecuador en el parque Central de Tulcán. Hipólito Pozo (esquina superior derecha) con el trofeo de 1er. lugar (1966)
Para entonces, el único deporte que brillaba con luz propia en la provincia era la pelota nacional, conocido también, como el ‘Deporte de Varones’ por ende, no había razón para que aún provinciano gane en ciclismo, lo cual generaba riñas que se defendían con “un cortauñas abierto o a trompones”. Por eso, Bolívar Obando, encaramado en el tablero de una camioneta 350, acompañaba a los deportistas y, para “evitar” pleitos, exhibía un revolver para que los demás equipos “no nos vengan a mandar; nuestra gente era brava”.
Todos esos grandes recibimientos, las emocionantes narraciones, las partidas simbólicas desde la frontera, los triunfos y todo lo que significó el ciclismo para entonces, llevaron a muchos niños y jóvenes a soñar en grande y a la vez, a superar una serie de inconvenientes, principalmente, el económico, para inscribirse en más competencias.
Al año siguiente (1967), la II Vuelta al Ecuador rueda nuevamente gracias Guayas y Pichincha; Anselmo Zarlenga (Arg.) repite como Director General y Carchi nuevamente se lleva la gloria con un equipo conformado por 3 ciclistas: Carlos Padilla, Jaime y Arnulfo Pozo. Verracos carchenses que hicieron el 1-2 del giro con 40h32m32s y 40h53m13s, respectivamente. Los premios de Montaña, Novatos y Por Equipos también se quedan en la provincia.
La participación de velocipedistas de Argentina, Colombia y Chile dieron realce a las Vueltas al Ecuador. Sin duda, Carchi era el protagonista principal hasta que la racha de victorias fue interrumpida momentáneamente por Carlos Zapata, quien en 1974 se adjudicó el V giro rutero al país, dejando en segundo y tercer lugares a Carlos Padilla y al defensor del título, Jaime Pozo, quienes se conformaron con los títulos de Novatos, Montaña, Metas Volantes y por Equipos.
En seguida, Carchi recuperó el título con Carlos Montenegro (1975 y 1976). Pero el brasileño Elvio Barreto (1977) le arrebató la tercera consecutiva del norteño, quien terminó en la segunda casilla, seguido por sus coterráneos Aníbal Gualagán y Héctor Pastaz.
En 1982, Carchi (al igual que en 1977) organizó la IX Vuelta al Ecuador junto a Nelson Polivio Dávila; el comisario fue Juan Rosero Córdova. El colombiano Jorge Amable Vásquez se llevó el título por delante de los coterráneos Horacio Hernández, Aníbal Gualagán, Raúl Ibarra, Juan Carlos Rosero, Paulo Caicedo y Héctor Pastaz.
La figura de Juan Carlos “El Cóndor” Rosero y Paulo “La Bruja” Caicedo significó que el ciclismo en Carchi mantenía presencia y fortaleza para posteriores pruebas. Para la época se registraban dos equipos fuertes: Policía Nacional y Nutrimentos Andinos (Café Fortaleza), donde la pasión se la vivía con locura; sirenas anunciaban el paso de los ciclistas y todo el pueblo se volcaba a las calles.

La emoción de un pueblo para homenajear a los ciclistas en el parque Isidro Ayora de Tulcán (1982)
En efecto, en 1986, Carchi vuelve a tomar la batuta para organizar el X giro nacional (31 de julio al 12 de agosto). Precisamente, “El Cóndor” Rosero se adjudicó el maillot. Pase a que no se desarrollaron vueltas desde el 83 al 85, en Carchi ardía la pasión por los “Caballitos de Acero”, pues en adelante, la gloria fue norteña con Caicedo (1987, 1994), Pedro Rodríguez (1988, 1990, 1991, 1993, 1995), Rosero (1989, 1992) y Héctor Chiles (1997…).
Colombia siempre ofreció un alto nivel en competencias a escala nacional e internacional. Gracias a la fraterna relación de frontera y a dirigentes como Nelson Polivio Dávila y Juan Ignacio Rosero, quienes hicieron importantes gestiones dentro de la Federación Ecuatoriana de Ciclismo con sede en la capital carchense, se logró, entre otras cosas, la construcción del velódromo d Ciudad de Tulcán.

Genary Pozo, uno de los nuevos talentos que comenzaba a despuntar en las Vueltas a la nación

“El Cóndor” y El Águila” en portadas de periódicos con sus primeros triunfos en las Vueltas al Ecuador
Perú (Clásica Santa Rosa), Argentina (Vuelta a Mendoza), Venezuela (Vuelta al Táchira), Vuelta a Costa Rica, la Doble Sucre – Potosí (Bolivia) están entre los países donde hubo presencia ecuatoriana con grandes alcances y nivel de primera.

Juan Carlos Rosero y Pedro Rodríguez en una batalla cerrada que se definió por segundos en Machachi

De izquierda a derecha: Rodrígo Villareal (ciclista), Genary Pozo (ciclista), José Jurado (acompañante), Pablo Caicedo (ciclista), Dr. Nelson Dávila (dirigente), Julio Imbacuan (entrenador), Pedro Rodríguez (ciclista), Juan Carlos Rosero (ciclista). Vuelta al Táchira (1991)
En la década de los 90’s varias marcas nacionales (NutriMalta, Cervecería Nacional, Güitig y Norteño) formaron sus propios equipos deportivos pero, debido a una debacle económica que se desencadenó a finales de siglo, retiraron el apoyo al deporte de las bielas. Los principales giros ruteros perdieron fuerza hasta que la CDP tomó nuevamente la batuta.

El equipo Pílsener 1993 conformado por: Juan Carlos Rosero, Héctor Chiles, Pablo Perugachi, Byron Chulde, Miguel Padilla, Raúl Huera, Antonio Revelo, Alvaro Muñoz, Vinicio Huera, Armando Cuásquer

Alvaro Rosero vistiendo la camiseta del equipo Pílsener, uno de los más grandes de la época, en donde su hermano Juan Carlos era líder
Luego de esta época dorada del ciclismo, en 2005, Juan Carlos junto a su hermano Álvaro Rosero, con recursos de la Federación Deportiva de Sucumbíos, comenzaron a cazar talentos en la zona limítrofe (El Playón). Por su cercanía con El Carmelo (Carchi), Richard Carapaz junto a otros ‘escarabajos’, solía unirse a los entrenamientos de “El Cóndor”; mientras que en Montúfar, Byron Chulde descubría otros talentos como Jonathan Caicedo. Sin duda, fue una lucha fuerte para recuperar la tradición de los ‘Caballitos de acero’ y lograr que las nuevas generaciones monten una bicicleta pensando en una proyección de vida.
En 2013 “El Cóndor” falleció, pero dejó grandes legados que hacen historia en las carreteras del mundo
De seguro, R. Carapaz, J. Caicedo, J. Narváez, los hermanos Cepeda… guardan sabias palabras de aliento que sembró su maestro y demás héroes del pedal ya que todo el camino transcurrido deja algo en común: el deseo de superarse pese a todas las dificultades para regalar alegrías a un pueblo que aún tiene muchos vacíos.

Una de las leyendas del ciclismo, a quien se le atribuye la formación de Richard Carapaz, ganador del Giro de Italia en 2019
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